del P. Daniel Elcid (RIP) de Madrid España, publicadas por el Comitium de Oruro, Bolivia, en el año 2000. 63. EVANGELIZAR. ¿SÍ? Por qué he puesto en interrogante ese Sí hablando a unos legionarios de María, que son apóstoles y se comprometen a evangelizar? Pues no sólo porque siempre lo podemos hacer mejor, sino porque, en algunas ocasiones, quizá -o sin quizá- no hacemos lo que deberíamos hacer. Veámoslo:
1. TRABAJOS LEGIONARIOS QUE NO SE HACEN: trabajos de conversión con preferencia a los de trámites o de consolación; permanentemente, en cada praesidium, un trabajo heroico, o más de uno; evangelización real de ateos confesos, y de personas de otra religión, musulmanes por ejemplo; y trabajos de lo que el Manual llama Verdadera Devoción a la Nación y nosotros llamamos Promoción de la comunidad y en los que la Legión debía ser pionera. 2. TRABAJOS QUE NO SE HACEN LEGIONARIAMENTE: los que se hacen habitualmente, pero quizá no con la pureza y plenitud de espíritu de fe y en unión con María, y viendo y amando a la Persona de Jesús en aquellos a quienes visitamos; cada trabajo legionario debería ser, por nuestra oración y nuestro empeño, un ejercicio espiritual vivo, intenso, entregado, confiado, que ponemos bajo la acción del Espíritu Santo y de María, para que Ellos lo animen y le comuniquen Su eficacia. 3. EN FIN, Y SIEMPRE, TRABAJOS QUE SEAN TRABAJO Me gusta decirlo con el lema del monumento a los héroes de Hiroshima: Hicieron ordinario lo extraordinario: realizar trabajos realmente heroicos con naturalidad y sencillez, fiados plenamente en la ayuda de «Aquel que todo lo puede», y de María, su madre y nuestra; pero, también, hacer el trabajo más simple -atender a un niño o a un anciano inválido, por ejemplo- con tanto interés y espiritualidad que si se tratara del trabajo más importante, pues se trata por igual de un servicio a Aquel que todo se lo merece. Evangelizar. ¿Sí? No lo digamos en interrogante. Evangelizar legionariamente, sí, siempre sí. Es nuestra vocación y misión de legionarios de María. Estaríamos pronunciando el hermoso Sí de María, o dándole a María la oportunidad de seguir pronunciándolo en nosotros. 64. EL ESPÍRITU SANTO Y NUESTRA LEGIÓN DE MARÍA El tema da para mucho y nos ocupará, de un modo u otro, durante otras allocutios. Hoy, sólo su presentación. Destaca tanto, que nos podíamos llamar también propiamente La Legión del Espíritu Santo. Destaca en nuestros símbolos y en nuestra doctrina básica, y debe destacar en nuestra vida. 1. LOS SÍMBOLOS Nuestros símbolos son la téssera y el vexillum: la téssera es nuestro carnet de identidad legionaria; el vexillum es nuestro estandarte. Y en los dos el Espíritu Santo es la figura más destacada: en la téssera, cubriendo a María con sus alas de luego, y haciendo de Ella, y de nosotros con Ella, «la columna de luego de nuestra Legión»; en el vexillum, como la Paloma divina posándose sobre María, sobre su Legión, sobre el mundo entero; también aquí, con su roja aureola de fuego. Por eso, y paradójicamente, el color de nuestra Legión no es el azul mariano, sino el rojo del Espíritu Santo. 2. LA DOCTRINA Baste decir aquí que el Manual, en el capítulo más fundamental de su espiritualidad -sobre El legionario y la Santísima Trinidad-antes de tratar de la relación de María con cada una de las tres Divinas Personas, habla ampliamente del Espíritu Santo; y son importantes a este respecto la nota que sigue al texto de la Promesa y el párrafo con que termina la descripción del vexillum. No dejéis de leerlos. 3. LA VIDA La vida legionaria arranca de la Promesa y está imbuida por ella. Y la Promesa es, del principio al fin, nuestro compromiso personal con el Espíritu Santo y con su plan de salvar al mundo en Jesucristo y como Él quiere: contando con María y con nuestra generosa, valiente y total entrega a su acción santificadora. Iniciamos cada junta invocándolo; el trabajo semanal debemos hacerlo unidos a Él con nuestro espíritu de fe y a María con nuestro amor, para que, de esa unión, cada contado tenga como fruto a Jesús conocido y amado. En resumen: para nosotros, este año, todo él, debe estar animado por el empeño ilusionado de difundir el amor a este Amor supremo, el Espíritu Santo, «Señor y Dador de vida», fuente de todos los bienes divinos en la Iglesia y para la humanidad entera. 65. MADRE Y ESPOSA DEL SEÑOR Este título de María, chocante a primera vista, hoy no lo es tanto con el progreso postconciliar de la mariología. ¿Que es un misterio? También lo es, y no menor, que María sea al mismo tiempo hija de Dios y Madre del mismo Dios; y que Ella sea un miembro de la Iglesia y también Madre de la misma Iglesia. El misterio no es para acotarlo en los estrechos limites de nuestra comprensión, de la razón, que nunca lo podrán abarcar: es para abrirse a él y aceptarlo, y para penetrarlo vivencialmente desde la fe, con amor y admiraci6n sin límites. El misterio divino es divinamente polifacético. Sí, María es Madre y Esposa del Señor. El mismo Espíritu Santo que la capacitó en Nazaret para ser la Madre de Dios-hombre-salvador, hizo de Ella en Pentecostés la Madre de esa nueva forma de existencia de Jesús que es su Cuerpo Místico, que es la Iglesia, ese Cuerpo espiritual en el que Él es la cabeza y nosotros sus miembros. Y, en Nazaret como en el Cenáculo, el Espíritu Santo fue el Esposo y María la Esposa, fecundos ambos del Dios con nosotros,el fruto más bendito que ha dado un vientre de mujer. Lo entenderemos quizá mejor mirando otro aspecto del misterio. Decimos, tomando pie de una expresión de san Pablo, que Cristo es el nuevo Adán, y María la nueva Eva. Quiso Dios que el primer hombre no estuviera solo, y le dio una compañera «semejante a él»; y decidió también, en la creación de la nueva humanidad, que el Dios-hombre se asociara a su propia Madre -santificada en plenitud por Él- como colaboradora suya en el amor y la obra de la redención, de la salvación y de la divinización de la humanidad. Nuevo Adán, nueva Eva: es decir, Jesús el Esposo, María la Esposa, fecundos, por la virtud del Espíritu Santo, de la nueva familia de los hijos de Dios. Como quiso también, en otro aspecto más del misterio, hacer Esposa suya a su Iglesia, y, en ella, a cuantos la constituimos, a cuantos somos Iglesia. Y en esta realidad de la Iglesia como Esposa de Cristo, María viene a ser su anticipo y su modelo perfecto. Todo, por obra y gracia del Espíritu Santo, para gozo nuestro, honra de Jesús y de María, y gloria de la Trinidad. Agradezcamos y vivamos dignamente tantos y tan hermosos misterios. 123. JESUCRISTO, Él, YO, ELLOS Esos tres pronombres están tomados de la Carta Apostólica del Papa Tertio Millennio Adveniente, en sus números 40, 41 y 42, y los traigo aquí como pregón de este año 1997, «El Año de Jesucristo».Fray Luis de León escribió el célebre libro de Los nombres de Cristo. Sus mejores nombres son esos dos que Él mismo se dio y que han venido a unirse en uno solo, «el Nombre sobre todo nombre»: Jesu-Cristo. ÉL, CRISTO Eso es Él como en su esencia más propia: Jesús = El Salvador, Cristo = El Mesías, El Ungido. El ángel a José: Y le pondrás por nombre Jesús, porque salvará al mundo de sus pecados. Nos salva en cuanto nos purifica, en cuanto nos «unge» con su propia santidad humano-divina. El Emanuel, Dios con nosotros. «Un Dios con talante de hombre, un hombre con talante de Dios» (Schillebeeckx). En Él habita toda la plenitud de la divinidad(Col 2,9). Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida(Jn 14,6). YO, CRISTO No sólo «Yo y Cristo», sino «Yo, Cristo», desde el bautismo: Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí(Gál 2,20). El Salvador me salva de mi pecado, el Ungido me «unge», penetra unciosamente mi yo, mi persona, con la santidad divina de su Persona, me santifica, me diviniza. Eso soy yo en lo mejor de mí mismo, llamado a serlo para siempre. Él es mi Camino, y mi Verdad, y mi Vida. Él es -debe ser- mi Amor. ELLOS, CRISTO Es ya un axioma esta definición de un teólogo cristiano: Cristo es «un ser para los demás». Y quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad(lTim 2,4), que es Él. El Ungido por causa de todos quiere ungir santamente a todos. Y ahora lo quiere lograr por los que estamos ungidos por Él, santificados por Él, para que santifiquemos con Él y por Él a los demás, a todos. En la Legión de María tenemos esto como vocación esencial: mirar que Cristo está en todos, en cada uno, y, en espíritu de fe y en unión con María, ver, amar y servir en cada uno a la Persona de nuestro Señor Jesucristo(3.ª ordenanza). Debería ser nuestra santa obsesión: ¡Jesucristo, Jesucristo, Jesucristo! |