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Mensaje de Nuestra Madre en Medugorie

SANTA MARIA DE GUADALUPE RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI;

 

4 Alocutios para Junio PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Martes, 14 de Julio de 2009 21:50
del P. Daniel Elcid (RIP) de Madrid España, publicadas por el Comitium de Oruro, Bolivia, en el año 2000.

63.  EVANGELIZAR. ¿SÍ?

Por qué he puesto en interrogante ese hablando a unos legio­narios de María, que son apóstoles y se comprometen a evangelizar? Pues no sólo porque siempre lo po­demos hacer mejor, sino porque, en algunas ocasiones, quizá -o sin quizá- no hacemos lo que deberíamos hacer. Veámoslo:

     1. TRABAJOS LEGIONARIOS QUE NO SE HACEN:
     trabajos de conversión con preferencia a los de trámites o de consolación; permanentemente, en cada praesidium, un trabajo he­roico, o más de uno; evangelización real de ateos confesos, y de perso­nas de otra religión, musulmanes por ejemplo; y trabajos de lo que el Ma­nual llama Verdadera Devoción a la Nación y nosotros llamamos Promoción de la comunidad y en los que la Legión debía ser pionera.

2. TRABAJOS QUE NO SE HACEN LEGIONARIAMENTE:
     los que se hacen habitualmente, pero quizá no con la pureza y plenitud de espíritu de fe y en unión con María, y viendo y amando a la Persona de Jesús en aquellos a quienes visitamos; cada trabajo legionario debería ser, por nuestra oración y nuestro empeño, un ejercicio espiritual vivo, intenso, entregado, confiado, que ponemos bajo la acción del Espíritu Santo y de María, para que Ellos lo animen y le comuniquen Su eficacia.

3. EN FIN, Y SIEMPRE, TRABAJOS QUE SEAN TRABAJO
     Me gusta decirlo con el lema del monumento a los hé­roes de Hiroshima: Hicieron ordina­rio lo extraordinario: realizar trabajos realmente heroicos con naturalidad y sencillez, fiados plenamente en la ayuda de «Aquel que todo lo puede», y de María, su madre y nuestra; pero, también, hacer el trabajo más simple -atender a un niño o a un anciano inválido, por ejemplo- con tanto in­terés y espiritualidad que si se trata­ra del trabajo más importante, pues se trata por igual de un servicio a Aquel que todo se lo merece.
Evangelizar. ¿Sí? No lo digamos en interrogante. Evangelizar legiona­riamente, sí, siempre sí. Es nuestra vocación y misión de legionarios de María. Estaríamos pronunciando el hermoso de María, o dándole a María la oportunidad de seguir pro­nunciándolo en nosotros.

64. EL ESPÍRITU SANTO
Y NUESTRA LEGIÓN DE MARÍA

El tema da para mucho y nos ocupará, de un modo u otro, durante otras allocutios. Hoy, sólo su presentación. Des­taca tanto, que nos podíamos llamar también propiamente La Legión del Espíritu Santo. Destaca en nuestros símbolos y en nuestra doctrina básica, y debe destacar en nuestra vida.

1. LOS SÍMBOLOS
     Nuestros símbolos son la téssera y el vexillum: la téssera es nuestro carnet de identidad legionaria; el vexillum es nuestro estandarte. Y en los dos el Espíritu Santo es la figura más destacada: en la téssera, cubriendo a María con sus alas de luego, y haciendo de Ella, y de noso­tros con Ella, «la columna de luego de nuestra Legión»; en el vexillum, como la Paloma divina posándose sobre María, sobre su Legión, sobre el mundo entero; también aquí, con su roja aureola de fuego. Por eso, y paradójicamente, el co­lor de nuestra Legión no es el azul mariano, sino el rojo del Espíritu Santo.

     2. LA DOCTRINA
     Baste decir aquí que el Manual, en el capí­tulo más fundamental de su espiritualidad -sobre El legiona­rio y la Santísima Trinidad-antes de tratar de la relación de María con cada una de las tres Divinas Personas, habla ampliamente del Espíritu Santo; y son importantes a este respec­to la nota que sigue al texto de la Promesa y el párrafo con que termina la descripción del vexillum. No dejéis de leerlos.

3. LA VIDA
La vida legionaria arranca de la Promesa y está imbuida por ella. Y la Promesa es, del principio al fin, nuestro compromiso personal con el Espíritu Santo y con su plan de salvar al mundo en Jesucristo y como Él quiere: con­tando con María y con nuestra generosa, valiente y total en­trega a su acción santificadora. Iniciamos cada junta invo­cándolo; el trabajo semanal debemos hacerlo unidos a Él con nuestro espíritu de fe y a María con nuestro amor, para que, de esa unión, cada contado tenga como fruto a Jesús cono­cido y amado.
     En resumen: para nosotros, este año, todo él, debe estar animado por el empeño ilusionado de difundir el amor a este Amor supremo, el Espíritu Santo, «Señor y Dador de vida», fuente de todos los bienes divinos en la Iglesia y para la hu­manidad entera.

65. MADRE Y ESPOSA DEL SEÑOR

Este título de María, chocante a pri­mera vista, hoy no lo es tanto con el progreso postconciliar de la mariología. ¿Que es un misterio? También lo es, y no menor, que María sea al mismo tiempo hija de Dios y Madre del mismo Dios; y que Ella sea un miembro de la Iglesia y también Madre de la misma Iglesia. El misterio no es para acotarlo en los estrechos limites de nuestra comprensión, de la razón, que nunca lo podrán abarcar: es para abrirse a él y aceptarlo, y para penetrarlo viven­cialmente desde la fe, con amor y ad­miraci6n sin límites. El misterio divino es divinamente polifacético.
Sí, María es Madre y Esposa del Se­ñor. El mismo Espíritu Santo que la ca­pacitó en Nazaret para ser la Madre de Dios-hombre-salvador, hizo de Ella en Pentecostés la Madre de esa nueva forma de existencia de Jesús que es su Cuerpo Místico, que es la Iglesia, ese Cuerpo espiritual en el que Él es la cabeza y nosotros sus miembros. Y, en Nazaret como en el Cenáculo, el Espíritu Santo fue el Esposo y María la Esposa, fecundos ambos del Dios con nosotros,el fruto más bendito que ha dado un vientre de mujer.
     Lo entenderemos quizá mejor miran­do otro aspecto del misterio. Decimos, tomando pie de una expresión de san Pablo, que Cristo es el nuevo Adán, y María la nueva Eva. Quiso Dios que el primer hombre no estuviera solo, y le dio una compañera «semejante a él»; y decidió también, en la creación de la nueva humanidad, que el Dios-hombre se asociara a su propia Madre -santi­ficada en plenitud por Él- como cola­boradora suya en el amor y la obra de la redención, de la salvación y de la di­vinización de la humanidad. Nuevo Adán, nueva Eva: es decir, Jesús el Es­poso, María la Esposa, fecundos, por la virtud del Espíritu Santo, de la nueva fa­milia de los hijos de Dios.
     Como quiso también, en otro aspec­to más del misterio, hacer Esposa suya a su Iglesia, y, en ella, a cuantos la constituimos, a cuantos somos Iglesia. Y en esta realidad de la Iglesia como Esposa de Cristo, María viene a ser su anticipo y su modelo perfecto. Todo, por obra y gracia del Espíritu Santo, para gozo nuestro, honra de Jesús y de María, y gloria de la Trinidad. Agra­dezcamos y vivamos dignamente tan­tos y tan hermosos misterios.

123. JESUCRISTO, Él, YO, ELLOS

 

Esos tres pronombres están toma­dos de la Carta Apostólica del Papa Tertio Millennio Adveniente, en sus nú­meros 40, 41 y 42, y los traigo aquí como pregón de este año 1997, «El Año de Jesucristo».Fray Luis de León escribió el célebre libro de Los nom­bres de Cristo. Sus mejores nombres son esos dos que Él mismo se dio y que han venido a unirse en uno solo, «el Nombre sobre todo nombre»: Jesu-Cristo.

     ÉL, CRISTO
     Eso es Él como en su esencia más propia: Jesús = El Salva­dor, Cristo = El Mesías, El Ungido. El ángel a José: Y le pondrás por nombre Jesús, porque salvará al mundo de sus pecados. Nos salva en cuanto nos pu­rifica, en cuanto nos «unge» con su pro­pia santidad humano-divina. El Ema­nuel, Dios con nosotros. «Un Dios con talante de hombre, un hombre con ta­lante de Dios» (Schillebeeckx). En Él habita toda la plenitud de la divinidad(Col 2,9). Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida(Jn 14,6).

     YO, CRISTO
     No sólo «Yo y Cristo», sino «Yo, Cristo», desde el bautismo: Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí(Gál 2,20). El Salvador me salva de mi pecado, el Ungido me «unge», penetra unciosamente mi yo, mi persona, con la santidad divina de su Persona, me santifica, me diviniza. Eso soy yo en lo mejor de mí mismo, llamado a serlo para siempre. Él es mi Camino, y mi Verdad, y mi Vida. Él es -debe ser- mi Amor.

     ELLOS, CRISTO
     Es ya un axioma esta definición de un teólogo cristiano: Cris­to es «un ser para los demás». Y quie­re que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad(lTim 2,4), que es Él. El Ungido por causa de todos quiere ungir santa­mente a todos. Y ahora lo quiere lograr por los que estamos ungidos por Él, santificados por Él, para que santifi­quemos con Él y por Él a los demás, a todos. En la Legión de María tene­mos esto como vocación esencial: mi­rar que Cristo está en todos, en cada uno, y, en espíritu de fe y en unión con María, ver, amar y servir en cada uno a la Persona de nuestro Señor Jesu­cristo(3.ª ordenanza).
     Debería ser nuestra santa obsesión: ¡Jesucristo, Jesucristo, Jesucristo!

 

Página de la Legión de María

Página de la Regia "Nuestra Señora del Rosario" de la ciudad de Puebla, Mex. Los comentarios expresados aquí son responsabilidad de sus respectivos autores y no representan el punto de vista de la Organización, ni de los lineamientos expresados en el Manual (c) 2004 - 2010  Contáctanos en:

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