Del libro "Charlas a los legionarios" publicado el año 2000 por la Legión de María de Oruro, Bolivia.75. CELEBRAR EL NACER RENACIENDO
Cada una de nosotros celebra la fecha de su nacimiento como la más importante de su vida, pues gracias a ella podemos celebrar todas las otras fechas, nuestra vida entera. Y lo que decimos del comienzo de nuestra vida personal se puede decir y se dice del comienzo de la vida de un grupo, de una asociación. Afirmamos por ejemplo, que la Iglesia nació en Pentecostés, porque allí y entonces empezó a ser una realidad viva la Iglesia de Cristo. Al celebrar los cincuenta años de la fundación del primer praesidium de la Legión de María en Madrid -y en España-, podemos decir legítimamente y con júbilo, que estamos celebrando nuestro nacimiento legionario, gracias a Dios y a la Virgen y a la animosidad de la filipina Pacita Santos. El acta de este nacimiento legionario consta en estas palabras históricas de la misma hermana Pacita: «No mucho después, pude organizar el primer praesidium en España, hacia finales de marzo de 1950, con el mismo título de la parroquia, "Nuestra Señora de los Angeles"» («PACITA SANTOS, la filipina que trajo la Legión a España», por Daniel Elcid, ofm., editado por el Senatus de Madrid, 1996,pág. 13). El acontecimiento es tan primordial, tan decisivo, que todas las formas celebrativas que se nos ocurran y estén a nuestro alcance son pocas. Y eso, a todos los niveles: del senatus, de cada consejo, de cada praesidium. Pero hay dos modos que nos competen y nos obligan a todos. El primero es recomendar con nuestra ilusión gozosísima con que Pacita y sus noveles legionarios celebraron aquella primera junta primaveral. Leerían, aplicándoselo, el primer capítulo del Manual, el nacimiento de la Legión de María en Dublín. Repetir esa lectura cuando celebremos aquella primera junta nos renovará la ilusión. Pero la segunda y más importante forma de celebrar aquel «nacer» de nuestra Legión es renaciendo nosotros como auténticos legionarios de María -auténtica Legión y de Ella-, en cada consejo, en cada praesidium, como si empezáramos a serlo. Revisemos cómo son hoy nuestras juntas y reanimémoslas, haciéndolas «juntas-modelo», en el espíritu y en cuanto a los más pequeños detalles: «para un gran amor no hay detalle pequeño». Renacer así legionariamente es sin duda el mejor modo de celebrar aquel nuestro nacer. María y su Legión- y el buen recuerdo de la hermana Pacita Santos- se lo merecen. Y nosotros gozaremos. 76. LA LEGIÓN, HERMANA DE LA UTOPÍA En nuestro Senatus hemos tenido reglamentariamente la elección de presidente. Ha sido electo por unanimidad un joven de treinta y cuatro años, legionario juvenil desde sus trece, y ahora era presidente de su curia de adultos, con facultades de dinamizador en los diferentes aspectos de la vida legionaria. Y él se ha puesto de inmediato a servir al Senatus redactando un proyecto detallado de medidas concretas de renovación ambiciosas e idealistas, al mismo tiempo que prudentes y eficaces. Aires nuevos para la primavera legionaria que presagiaba nuestro fundador, el hermano Frank Duff, para este siglo XXI. Eso me ha inspirado el título de la allocutio: La Legión, hermana de la utopía. El diccionario de la Real Academia define la utopía así : «Proyecto optimista que aparece como irrealizable en el momento de su presentación». Naturalmente, no digo que nuestra Legión de María sea una utopía, sino como una hermana de ella, que se parece a ella, pero que es realizable, porque es real. Lo mismo que se llama utopía evangélica de nuestro Señor Jesucristo, y, por poner otro ejemplo, «utopía franciscana» a la vida fascinante y humanísima de Francisco ce Asís, que ha arrastrado y arrastra tantos imitadores. Nuestro Manual está salpicado de toques «utópicos»: «La Legión vive para manifestar a María al mundo como medio infalible de conquistar el mundo para Dios» (M 6, 1). «Los frutos del espíritu legionario son idealismo y dinamismo en alto grado» (M 10, 6). «Por principio, cada praesidium debería estar realizando algún trabajo que se pueda llamar heroico» (M 37). «Animada la Legión con la fe y el amor de María, no hay empresa, por ardua que sea, que le arredre, porque cree que todo lo puede» (M 3). Y basta de muestras para demostrar lo que quiere ser y es en sí la Legión de María. A procurar que lo sea en toda el área del senatus viene animoso y decidido el nuevo presidente. Démosle todos todo nuestro apoyo. Que no pueda aplicársenos lo que decía uno: «El que soy saluda con nostalgia al que podía haber sido». Ni nostalgias ni timideces. Nuestra Reina y Madre, María, se lo merece: con otras palabras del Manual: «Ella nos dirige, nos inspira, nos acaudilla hasta conseguir la victoria» (M 28, 18). ¡Que así sea! 77. DE SER YO A SER LEGIÓN Hace años se hizo célebre una serie de biografías periodísticas que se titulaba Del cero al infinito:de ser nada a serlo todo en cualquier profesión. Vamos a aplicárnoslo. El yo encerrado en sí. mismo por el egoísmo es como un cero: por grande que se dibuje, es siempre un cero. Debemos abrirnos, y pasar de ser yo a ser Jesús, que ha sido definido como “el ser para los demás”, por su solidaridad con toda la humanidad, por su entrega a todos los hombres. Nosotros, de ser yo a ser Legión, no sólo para ser muchos, sino para ser auténticos cristianos siendo auténticos legionarios de María. La Legión se presta admirablemente para que pasemos del cero al infinito. ¿Cómo? Siendo, más que legionario individual, pareja; más que pareja, praesidium; más que praesidium, curia; más que curia, senatus; más que senatus, Legión; más que Legión, Iglesia. Sólo en esa progresión de conciencia, de amor y de acción será cada uno de nosotros auténtico legionario de María. Y acentuémoslo: para ser, mejor, Iglesia. Y en este sentido, y así; será realidad la estimulante frase de Juan XXIII: “La Legión. de María presenta el verdadero rostro de la Iglesia católica”. Porque trata de llevar a todos los lugares el mensaje redentor y salvador de Jesús. Apliquémoslo a la participación máxima posible de cada uno en la vida de los consejos administrativos legionarios. Que no me interese mi vida personal legionaria más que el praesidium, ni mi praesidium más que a curia; ni mi curia más que el consejo superior. «El que entrega su vida por Cristo la guarda para la vida eterna» (Jn 12,25). «En la Legión, María es la Reina.» ¡Ah, qué buena Reina si tuviera buenos súbditos! Si tuviera en cada uno de nosotros un legionario suyo olvidado de sí, valiente, entregado. ¿Quién no se anima? 78. EL PRAESIDIUM Dice el Manual que “la Legión será en todas partes lo que sean sus consejos”, y es verdad. Pero también lo es -tanto o más- que la Legión es lo que son sus praesidia. Decimos que el praesidium es “la unidad base” de la Legión, y lo es, y mucho más: todo lo que es un legionario lo es en su praesidium, o desde su praesidium, y gracias a la vida de su praesidium; todo el resto de la organización legionaria -curia, senatus, corresponsales, comisiones...- está al servicio de los praesidia, para cuidarlos, vitalizarlos, garantizarlos, y cada praesidium y los consejos superiores están para hacerlos crecer, para fundar más y más buenos praesidia, y todo lo que es amor legionario a María se concentra en el amor -al praesidium mismo-, y se desarrolla desde él. Un praesidium auténtico forma auténticos legionarios de María: es la primera, insustituible y perfecta escuela de la Legión, en la que uno está formándose -graduándose- de continuo. En la junta semanal, si se hace debidamente cada parte -del inicio al fin- todo es altamente formativo, y con una formación integral cristiana: las cualidades humanas son aprovechadas y desarrolladas en servicio de Dios y de María; las virtudes sobrenaturales son cultivadas y puestas enteramente al servicio de la Iglesia y de todos los hombres. El principio fundamental para que cada praesidium sea eso, está expresado en el punto 2 del capítulo 11 del Manual: leerlo y releerlo. Fidelidad máxima al “espíritu de exigente y puntual observancia de todos los detalles”, y vivencia espiritual creciente de los mismos. Pero, ¡atención! Un praesidium que no viva según está norma no sólo no forma legionariamente, sino que deforma al legionario como tal y a la misma Legión. Más de una vez -gran desgracia- el mayor perjuicio a la Legión se lo causan algunos de sus mismos miembros; algunos de sus praesidia se convierten en su peor propaganda. De ahí la responsabilidad de todos, especialmente de sus oficiales, y especialísimamente del hermano presidente. Responsabilidad ante Dios y para con la Iglesia y el mundo. Responsabilidad para con la Legión, que se lo ha encomendado, y para con María, la Reina y Madre de la Legión. Cada praesidium lleva un apelativo suyo. Que sea de verdad -y cada día más fielmente- ese praesidium legionario de María. |