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4 Allocutios para Diciembre PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Domingo, 06 de Diciembre de 2009 11:49

Les hacemos llegar 4 allocutios del P. Daniel Elcid OFM (RIP) Director Espiritual del Senatus de Madrid, España. Fueron publicadas por el Comitium de Oruro, Bolivia el año 2000.

87.  NUESTRO ADVIENTO EN EL AÑO MARIANO

Cada año, al comenzar un nuevo año litúrgico, celebramos el Adviento; pero en él, marcadamente, tres advientos: el propiamente litúrgico, como preparación a la próxima Navidad; el recuerdo vivo del adviento de siglos que precedió, en la gran esperanza, al nacimiento del divino Salvador; y el adviento en él estamos, año tras año, siglo tras siglo que precede a la venida definitiva del Señor, al fin de los tiempos.
     A este último se refiere particularmente el Papa en su última encíclica Madre del Redentor, hablando mucho de la Iglesia peregrina hacia ese destino final, y concretándolo en esta generación nuestra y en estos años que preceden a la celebración extraordinaria de los 2.000 años del nacimiento del Salvador. Y poniendo de relieve el lugar único que ocupa María «en el misterio de Cristo y de la Iglesia». Toda insistencia es poca, para que la iglesia de María responda como quien mejor a esta llamada del Papa.
     Pero es que, además, podemos y debemos hablar también de un adviento legionario; es decir, del modo legionario de celebrar cada uno de esos otros advientos. Y no sólo por el sentido eclesial que caracteriza a nuestra Legión, sino por esta otra razón: las dos figuras modélicas de la vivencia del Adviento son también «figuras legionarias»: María y san Juan Bautista. De María como modelo legionario en todo y en esto huelga decir aquí nada. De san Juan Bautista patrono o modelo nuestro el Manual afirma que fue «el primer legionario de María y el prototipo de todos ellos», y lo prueba. Tanto Ella como él son unos modelos dinámicos. Imitémosles en vivir siempre de cara al Salvador, y en sus actitudes básicas de humildad, disponibilidad, entrega. Jesús es aún hoy, para tantos, «el que está por venir». Ser legionario de María es vivir, con María y con el Bautista, en espíritu de Adviento, anunciando y llevando al Salvador.

 88. VIVIR LA LEGIÓN COMO UNA FIESTA

Uno de los frutos de lo que llamamos la disciplina legionaria la lealtad total a la Legión de María o a María en su Legión es la alegría(M. 11,2). Esta alegría es, primero que nada, la del propio legionario, que encuentra en la Legión el sentido y la fecundidad de su vida.
     Hay otra alegría comunitaria, la del praesidium: una suma de alegrías personales por la fraternidad reinante, por el empeño y el fruto común apostólico, por el amor compartido a María y a los demás.
     Y hay otras alegrías legionarias multiplicadas, a las que nos referimos particularmente hoy: la fiesta del praesidium de uno o de varios, con los auxiliares y hasta con otros invitados; la reunión anual o fiesta de invierno, de toda la curia en torno a nuestra Reina y Madre Inmaculada, un júbilo familiar logrado por todos y participado entre todos; la fiesta de verano, con las efusiones del viaje, de la Eucaristía al aire libre, de los números originales creadores de risas; y la primera de todas, el Acies, el fervor hecho gozo y el gozo hecho fervor, con nuestra consagración personal y comunitaria a María; y, en fin, el congreso, con su optimismo dinámico, superador de defectos y revitalizador de energías.
     Todas esas fiestas nos hacen vivir a María y a su Legión como «Causa de nuestra alegría». Y de todas ellas, de cada una a su manera, se puede afirmar lo que el Manual dice del Acies: «Si algún legionario, pudiendo acudir, no acude, da a entender manifiestamente que no tiene nada o muy poco del espíritu de la Legión, y que no la beneficia gran cosa con haberse alistado en sus filas». Apliquemos a nuestra Legión lo que un autor decía de san Francisco y de los suyos: que «sabía muy bien que un ejército alegre es un ejército invencible».

89. LA FAMILIA CRISTIANA TIENE MADRE

El tratamiento que voy a dar a este tema me recuerda una célebre frase de San Agustín: «Dios es grande en las cosas grandes, y máximo en las cosas mínimas»; es decir, que en los detalles más pequeños aparece con mayor relieve la maravilla de su poder, de su belleza, de su amor. Apliquemos ese principio a María como Madre. Después de Verbo encarnado, y con Él y por Él, María es, como Madre suya y nuestra, el gran pequeño detalle amoroso y poderoso del Señor. Veámoslo en progresiva intensidad.
     María es «la Madre de la Redención», de todos los redimidos, de todo el género humano: el Redentor se le confió a Ella, al pie de la cruz; «Madre, he ahí a tu hijo».
     María es «la Madre de la Iglesia, de toda la Iglesia, de la Iglesia universal», «desde el justo Abel hasta el último de los elegidos», en expresión de Vaticano II (LG 2).
     María es «la Madre de la Iglesia Católica», como la proclamó Pablo VI al fin del Concilio: de los fieles y de los pastores, de las diócesis, de las parroquias, de las órdenes religiosas, etc.
     María es, en fin, y muy particularmente, «la Madre de la Iglesia doméstica», de cada hogar cristiano, en cada hogar cristiano. Si es auténtico, en él se la siente como Madre, y se la honra, y se la ama, y se cuenta con su ayuda y sus desvelos maternales para todo. Aquí, es esta «Iglesia doméstica» que es cada hogar, nacen por el bautismo los nuevos hijos de Dios y de María, en Cristo Jesús, aquí van creciendo y madurando en la fe y en el amor. Hijos que aprenden a amar a María como Madre serán cristianos felices y confiados, asegurados hijos de Dios para el resto de sus días, y para el siempre de la vida eterna.
     En resumen: si admirable es María como Madre de la Redención y de la Iglesia, es admirable y amabilísima como Madre de esa pequeña y cálida Iglesia doméstica que es cada hogar. Para nosotros, sus legionarios, es un gratísimo compromiso el procurar que así sea.

90. LA ESCUELA DE BELÉN.

LA ESCUELA DE LA LEGIÓN

Pablo VI habló de "la escuela de Nazaret"; podemos hablar también de "la escuela de Belén". Hablemos de ella, y, hoy, en su primera etapa: la de la falta de acogida, del rechazo, de la pobreza solitaria e inhóspita de la gruta. Y para lo que nos interesa ahora, he aquí unas lecciones que nos dan José, María y Jesús, perfectos maestros: humildad, sumisión a la voluntad del Padre, dulzura, oración, mortificación, paciencia, amor sacrificado. Estudiar meditando cada una de ellas.
Una célebre novela se titula La sombra del ciprés es alargada. También es alargada la sombra de la Cruz: se prolonga desde el Calvario hasta Belén; Belén está en el comienzo, y su gruta es como la cripta del Calvario.
Pues esa escuela de Belén es también la escuela de nuestra Legión. He copiado esas seis lecciones de Belén del capítulo III de nuestro Manual. El legionario de María perfecto es el que sale buen alumno de esa escuela, no el del éxito apostólico o el del consuelo espiritual (M. 11,3), sino aquel cuya vida está marcada con "la huella de la cruz como señal de esperanza" (M. 39,24). Y eso, en todo: en la junta, en el trabajo legionario, en la vida entera.
Toda auténtica escuela crea un estilo característico. La escuela de Belén creó y sigue creando el estilo de vida de Jesús, de María, de José. También crea estilo la Legión de María, en su escuela del praesidium, del trabajo, de toda reunión legionaria: de esa escuela sale uno humilde, sumiso a la voluntad del Padre, dulce, orante, mortificado, paciente, sacrificado con amor... Sí uno no aprende y difunde ese estilo, estará en la Legión, pero no es legionario de María; sería como aquel que no ha ido a una escuela o no ha aprobado sus asignaturas.

 

Página de la Legión de María

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