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TEOLOGÍA DEL ADVIENTO Hay algunas ideas que el cristiano debe tener presentes para vivirlo adecuadamente. En primer lugar, no olvidar que toda fiesta es parte estructural de la vida humana.
No hay sociedad sin fiestas porque en ellas se reafirman los valores que celebran. Las fiestas nacen en el corazón y se expresan fuera. Se festejan normalmente personas y fechas que significan algo importante para los grupos humanos: onomásticos, días patrios y convenios. En Navidad celebramos el amor del Padre que nos regala a su Hijo, y celebramos la decisión amorosa del Hijo de haber puesto su tienda entre nosotros, celebramos su Palabra conductora de Maestro, su entrega definitiva en el Calvario, celebramos su decisión de salvarnos, celebramos sus poderes, que a través de los Sacramentos se hicieron perpetuos en el rescate del hombre. Es indispensable sentirse beneficiario de Jesús Salvador, experimentar personalmente su amor, para poder verdaderamente, celebrar cualquiera de sus fiestas durante el año. Otra idea importante de este tiempo, es la espera escatológica. Nosotros realmente ya no esperamos a Jesús como Mesías, hace 2000 años que lo identificamos como tal, nosotros nos estamos preparando para festejar su nacimiento, utilizamos textos del verdadero Adviento de Israel, porque forman parte de la espiritualidad secular de nuestra Iglesia. Lo que sí realmente estamos esperando es su Parusía o segunda venida, por eso al caminar hacia Belén no olvidamos, porque así nos lo advierte el primer domingo de Adviento, que somos trabajadores del Reino, que con nuestras palabras y acciones, tratamos de madurar los tiempos y ganar espacios a la cizaña para que crezca el trigo del Señor.
Característica de este tiempo de Adviento, es también la alegría como sentimiento profundo que trasciende todo el ser, al percibir que Dios está cercano. Isaías, Sofonías y Baruc en el Antiguo Testamento, son testigos vivenciales de esta teología. En la Nueva Alianza, es sin duda San Lucas el que más subraya el gozo como parte integral del corazón. Ir a Belén significa para el cristiano, haber experimentado en la intimidad con Dios, esa alegría que surge de saber que Dios está cerca y que forma parte de nuestra historia. Como arriba dijimos, las fiestas se engendran dentro y se expresan fuera, la Navidad es una gran fiesta que propicia los encuentros, la amistad, los adornos, la música y los grandes banquetes, ¡ojalá que todas estas expresiones tengan una sola razón! la de saber que Dios ha llegado. A lo largo de los siglos, la fe y el folklore han ido enriqueciendo las representaciones culturales de la fiesta; en el siglo XIII Francisco de Asís, celebro la Navidad de 1223 con un Nacimiento viviente, en una aldea cercana a Espoleto llamada Greccio. Pronto cundió en los pueblos de alrededor el acontecimiento y un siglo después en toda la Umbría y la Toscana ya se había popularizado esta representación. Aquí en México, con los misioneros agustinos se inicio la costumbre de las posadas. Con una pequeña indicación del Evangelio de Lucas se fue armando un novenario de celebraciones populares, que una vez más, mezclando el rezo y las piñatas, provoca en los fieles una alegría inmediata anterior a la Navidad.
Una fiesta tan grande y tan trascendente tenía que dejar huella en el ánimo popular; en torno a los Reyes Magos por ejemplo, se han hecho representaciones y adaptaciones nacidas en la vena popular y así, de todos los demás textos de Mateo y Lucas, porque una fiesta que celebra la presencia de un Dios niño tenia que ser de este modo, grande en todas sus expresiones; pero no debemos olvidar que esta fiesta la inventamos nosotros los cristianos, para celebrar a nuestro Dios y Salvador, y si no queremos que se nos vaya de las manos tenemos que volver a dar su primitivo significado, es la expresión alegre de Emmanuel. LA CORONA DE ADVIENTO.
De abeto o pino, como en su Alemania original, la corona de adviento es un círculo sin principio ni fin, como la eternidad del Dios que nos visita y cuya fiesta anunciamos. Representaba en la antropología teutona, tan unida a los árboles, el ruego al Dios Sol para que regresara con la luz y el calor durante el invierno. Los cristianos luteranos, confesando a Jesús como fuente de vida, trasladaron a su nacimiento las significaciones del nuevo sol del solsticio de invierno, que ya la Iglesia Universal celebraba desde el año 350.
Después de la primera guerra mundial la corona de adviento se extendió por todo el mundo. Las cronologías son parte de la conciencia calendaría del hombre en todas las culturas y encender cada domingo una de las cuatro velas para vivir la verde esperanza del tiempo que se acerca, es hacer más visible, en la gradualidad de los colores morados y el rosa de la alegría de la llegada, el ritmo de los tiempos, es entusiasmar la fiesta del creyente y enriquecer las vísperas gozosas de su marcha. Una costumbre como tantas, engendrada junto a la chimenea de los hogares nórdicos, que va adquiriendo ribetes ciudadanos como paraliturgia prologal, con su candela y su plegaria propia. ORACIONES PARA LA CORONA DE ADVIENTO PRIMER DOMINGO. Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir en la noche, al encuentro del amigo que ya viene. En esta primera semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría, muchas sombras nos envuelven, muchos halagos nos adormecen. Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú nos traes la luz más clara, la paz más profunda, y la alegría más verdadera. ¡Ven, Señor Jesús, ven, Señor Jesús! SEGUNDO DOMINGO. Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel; nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas, el viejo tronco está rebrotando, florece el desierto... la humanidad entera se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne.
Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas, y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven a salvarnos! TERCER DOMINGO.
En las tinieblas se encendió la luz, en el desierto clamó una voz, se anuncia la Buena Noticia: ¡el Señor va a llegar! Preparen sus caminos, porque ya se acerca, adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. Ya llega el mensajero. Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz. Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles; llama, para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor! CUARTO DOMINGO. Al encender estas cuatro velas, en el último domingo, pensamos en ella, la Virgen, tu madre y nuestra madre, nadie te esperó con más ansía, con más ternura, con más amor, nadie te recibió con más alegría. Te sembraste en ella, como el grano de trigo se siembra en el surco y en sus brazos encontraste la cuna más hermosa. También nosotros queremos prepararnos así: En la fe, en el amor, y en el trabajo de cada día. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven a salvamos! CANTOS DE ADVIENTO.
VEN, VEN, SEÑOR NO TARDES. VEN, VEN, SEÑOR, NO TARDES: VEN, VEN, QUE TE ESPERAMOS VEN, VEN, SEÑOR NO TARDES: VEN, PRONTO, SEÑOR. El mundo muere de frío, el alma perdió el calor; Los hombres no son hermanos, el mundo no tiene amor. Envuelto en sombría noche, el mundo sin paz no ve, Buscando va una esperanza, buscando, Señor, tu fe. Al mundo le falta la vida, al mundo le falta la luz, Al mundo le falta el cielo, el mundo le faltas Tú. UN PUEBLO QUE CAMINA
¡UN PUEBLO QUE CAMINA POR EL MUNDO GRITANDO, VEN SEÑOR! UN PUEBLO QUE BUSCA EN ESTÁ VIDA LA GRAN LIBERACIÓN. Los pobres siempre esperan el amanecer de un mundo más justo y sin opresión. Los pobres hemos puesto la esperanza en Ti, Libertador. Salvaste nuestra vida de la esclavitud, esclavos de la ley, sirviendo en el temor. Nosotros hemos puesto la esperanza en Ti, Dios del amor. El mundo por la guerra sangra sin razón, familias destrozadas buscan un hogar. El mundo tiene puesta su esperanza en Ti, Dios de la paz. EN ESTE MUNDO
En este mundo que Cristo nos da, hacemos la ofrenda del pan; el pan de nuestro trabajo sin fin y el vino de nuestro cantar. Traigo ante Ti nuestra justa inquietud amar la justicia y la paz. SABER QUE VENDRÁS, SABER QUE ESTARÁS, PARTIENDO A LOS POBRES TU PAN (2) La sed de todos los hombres sin luz, la pena y el triste llorar, El odio de los que mueren sin fe, cansados de tanto luchar, En la patena de nuestra oblación, acepta la vida, Señor. VIENEN CON ALEGRÍA.
VIENEN CON ALEGRÍA, SEÑOR, CANTANDO VIENEN CON ALEGRÍA, SEÑOR, LOS QUE CAMINAN POR EL MUNDO, SEÑOR, LLEVANDO TU PAZ Y AMOR, LOS QUE CAMINAN POR EL MUNDO, SEÑOR, LLEVANDO TU PAZ Y AMOR. |