Iniciar Sesión



Visitantes

Tenemos 26 invitados conectado

Recientes

Exhortación Pastoral

Exhortación del CEM 2010
Exhortación Conferencia Episcola Mexicana
Ver documento

La Eucaristía un don para la misión PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Lunes, 02 de Marzo de 2009 11:43

LA EUCARISTÍA, UN DON PARA LA MISIÓN

Marcelino Trujillo Méndez

Las campanas del templo irrumpen en el acontecer cotidiano; hacen una gozosa llamada, una atenta invitación, una solícita súplica a cada ser humano que se encuentra en los alrededores para vivir un encuentro de amor que transfigura, que ennoblece, que humaniza.

Sin embargo, ya tan acostumbrados a escuchar ese peculiar sonido, cada uno de los seres humanos que se encuentra en la cercanía reacciona de manera distinta: algunos sólo perciben que ha pasado el tiempo, que ya es tal hora y que es el momento de continuar con otra de las tantas actividades profanas a que está dedicada su vida; para otros, es un ruido más que se agrega al que ya de por sí se tiene que padecer en la gran urbe o en esa población cercana a la ciudad que sufre los embates de la urbanización traducidos en tráfico vehicular, contaminación por sonidos estruendosos de automóviles y de los puestos de venta de casettes y cd´s que de esa manera quizá, muestran que su producto tiene “calidad”.

Para alguien más resulta ser una de las formas en que se aliena al individuo para que acuda a un espacio donde justifican la circunstancia de desarrollo personal, sobretodo de carácter económico, por la que cada uno transita diciéndole “Dios así lo quiere, ni modo”, cuando la realidad es otra.

Pero para algunos, que son los menos, es una esperada llamada para vivir un encuentro, una cita impostergable con alguien que no aliena, que no engaña, que no falla, sino que se hace Camino, Verdad y Vida que orienta el sentido de nuestra existencia, que se sacrifica allanándonos el camino de la trascendencia, que en el aquí y ahora nos hace descubrir que la vida es don, gratuidad y oportunidad para crecer en “edad, sabiduría y gracia”.

¿Qué hacen estas personas? Un alto en el camino para acudir a la cita; los demás, sumidos en la monotonía de su lucha por sobrevivir, sólo ven pasar a un puñado de ilusos “que van a misa” sin advertir siquiera el anhelo de una presencia transformadora que se dibuja en sus rostros; ¿hasta cuándo percibirán esa realidad que mueve a un pequeño grupo a acudir al llamado que armoniza con su manera de pensar y que se hace compendio y suma de su fe con el nombre de Eucaristía?

Acudir a ese llamado muestra que el compromiso es con y por CRISTO, de manera que no se realiza si el mismo no es con el hombre y la humanidad para CRISTO; es decir, no sólo se produce el llamado que perciben los oídos de unos cuantos, sino que Jesús sale al encuentro personal de cada hombre, de cada generación, de cada sector social, de cada nación, de cada cultura, de cada pueblo...y acepta la respuesta que le damos, pero no se conforma e insiste una, otra y otra vez.

Cada hombre, varón o mujer, que acude al llamado, en mayor o menor medida es consciente de que lo característico del Cristianismo es que el hombre no conoce el sentido de su vida de una concepción científica, ni de un sistema filosófico, sino de una experiencia religiosa, ligada por vía de tradición, a la persona de Cristo. Para el Cristiano, la “esencia del Cristianismo” es JESUCRISTO” 4, quien tiene rostro y lenguaje humano que no se pierde en un tiempo histórico determinado, sino que trasciende, porque El es en todo tiempo ya que su humanidad es sublimada por su divinidad.

De esta forma, la Eucaristía es “fuente y cima de toda la vida cristiana”[1], “los demás sacramentos... todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan”[2].

La celebración eucarística ha comenzado; conforme se desarrolla, como acción de gracias ininterrumpido y banquete al que somos convidados, cada uno de los que aceptaron este encuentro se descubre como miembro de la “familia de Dios” que “se constituye y se realiza gradualmente a lo largo de las etapas de la historia humana, según las disposiciones del Padre”[3].

Esta “familia de Dios” es el sacramento de la unidad del género humano al tiempo que se hace signo e instrumento de la plena realización de esta unidad que aún está por venir y por ello se ofrece a la humanidad como el proyecto visible del amor de Dios hacia ella[4].

Por ello, la Eucaristía es un don que nos interpela personalmente, de manera inicial como antídoto que libera y preserva del pecado, fortificando la vida sobrenatural del cristiano y protegiéndola del extravío de las virtudes teologales[5]. Enseguida como vínculo de caridad y de solidaridad, porque alimentándose de ella, los cristianos nutren la propia alma y se transforman ellos mismos en alma que sostiene el mundo[6], que le da sentido trascendente, que le brinda un rumbo claro en, por y para Cristo.

La gracia transformadora de la Eucaristía, extiende su influencia a todos y cada uno de los aspectos existenciales del hombre como la libertad, el sentido de la vida, el sufrimiento, la muerte... y nos lanza a descubrir respuestas cristocéntricas, haciéndose instrumento de salvación y transformación del hombre en Cristo.[7]

Asimismo, en un proceso crítico-constructivo nos convoca a preguntarnos:

¿Acaso el acontecimiento eucarístico es un encuentro personal del hombre consigo mismo o más bien es un encuentro de adoración, sacrificio y acción de gracias a Dios, trino y uno?

¿En la Eucaristía encontraré el manantial que me impulse a fortalecer las relaciones interpersonales, reconociendo en el otro no a un yo que habita en la estepa como lobo solitario, sino a un tú que implica generosidad, apertura, calidez, atención?

¿Podrá ser quizá el momento de reconocer que en la dialéctica histórica las clases sociales no están en pugna porque abrazan un objetivo común en el que DIOS es el Señor del Devenir, de la Comunidad, de la Historia y de la Solidaridad?

¿Ha de ser la ocasión de preguntarme qué es la fe, para qué la tengo, para qué reafirmarla y cómo testimoniarla?

¿Será mi oportunidad de descubrir el rostro humano de DIOS, que con mi lenguaje, en mi contexto, con mis características somáticas, psicológicas, culturales y sociales me habla por mi nombre, me llama con suavidad y firmeza, me eleva a un horizonte insospechado lleno de gratuidad y misericordia?

Siendo la Eucaristía la fuerza que nos transforma, da impulso a nuestro camino histórico, poniendo una semilla de viva esperanza en la dedicación cotidiana de cada uno a sus propias tareas en la familia, en el trabajo, en el compromiso político. La misión de cada uno en la Iglesia recibe fuerza y confianza de esta connotación social de la Eucaristía.[8]

Es extraordinario el acontecimiento eucarístico que se articula desde un llamado que en la concreción de una celebración, de “una misa” se hace encuentro, diálogo – pregón, oración sublime, bella, esperanzadora que reafirma la fe; que en la comunión, es unión a la vida de Cristo que transforma la vida del hombre para el amor.

¿Qué queda por hacer después de que la celebración ha concluido? Algunos se conforman con decir “demos gracias a Dios” y regresan a la vida de siempre, rutinaria, gris, sin auténtico sentido cristiano; algunos otros salen con algunas justificaciones concienciales “ya fui a misa, ya di mi limosna, ya no me estén molestando, yo ya cumplí”; alguien más se sujeta de la celebración como el supersticioso a un amuleto para que le vaya bien; pero afortunadamente no falta quien movido por la madurez y la convicción, es tocado por una palabra de fuerte contenido, que exige conversión y cumplimiento de promesas; esta palabra se llama COMPROMISO, la que asumida y vivida hace de la persona “sal de la tierra y luz del mundo”, “constructor de una nueva humanidad”, el hijo siempre fiel.

¿Cómo ser constructor de una nueva humanidad?, ¿qué me toca hacer para conseguirlo?

En primera instancia, disfrutar de ese Evangelio de la Esperanza que es la Eucaristía.

Luego, descubrir que la eucaristía es un don para la misión que cada uno, que tú y yo tenemos que cumplir en el mundo, según el propio estado de vida. Si así lo hacemos, podremos identificar que de la Eucaristía nace la oportunidad y el privilegio para cada cristiano de cooperar al crecimiento del Cuerpo eclesial[9].

Pero, ¿cómo vivir de mejor manera la realidad de que la Eucaristía es un don para la misión?

Anunciando la Buena Nueva con nuestra propia vida, de la mano de María, la primera anunciadora del “Evangelio de la Esperanza”.

“Hablar desde la Buena Noticia cristiana implica darse cuenta de que el fenómeno religioso es un acontecer histórico, cuya influencia en las motivaciones y conductas de los seres humanos es un mensaje interesante digno de seria interpretación y de aprecio, por invitar a cada uno a alcanzar el señorío de la propia persona; ello implica renunciar a la miopía del capillismo, esto es, del encierro en grupúsculos cuasireligiosos, pseudoreligiosos y pretexto-religiosos que se desarrollan en el interior de las religiones para buscar el poder, para ser admirados, para ser reconocidos, para ser considerados indispensables, para restregar en la cara de los otros que ellos “son los buenos y trabajan para salvar a los malos”.

También es renunciar a la ceguera axiológica en relación con los valores trascendentes, que no son monopolio del cristianismo, pero que éste ofrece a la humanidad como depositario de la verdad; implica convicción no ritualismo, no legalismo, no fariseísmo, no hipocresía, no paganismo religioso, no ignorancia culpable de la ley que el DIOS hecho hombre vivió y vive en un ámbito de misericordia.

Anunciar el Evangelio con la propia vida, implica ser responsable de la convicción asumida con un compromiso de vida en y por el Misterio Pascual que se proyecta en las relaciones interpersonales, no caminante detestable por convenenciero y oportunista que reduce tal compromiso a un sacramentalismo social, a un ritualismo convencional carente de sentido, a unas obras que se hacen en nombre de la fe para satisfacer un culto de adoración al propio yo.

Hablar de la Buena Nueva, es darse cuenta de que no somos simples ordenadores que almacenan datos y acumulan información, sino que somos seres capaces de elegir, de dialogar y de amar; es renunciar al egoísmo con el que nos bombardea este siglo para ser solidario con el hombre, en su tarea siempre inacabada, de ser.

Hablar desde tal anuncio de felicidad tiene que ver con la reconciliación del hombre consigo mismo y en los diversos niveles de relación interpersonal, lo que exige perseverancia, humildad, fe, amor y un paciente caer y levantarse en el proceso de perdón que da como fruto la restauración, el reencuentro, el equilibrio que tiene su expresión en una convivencia más sana, integradora, diversa pero unida, con una visión clara de la realidad y una fuerte dosis de esperanza, que hace realidad una cultura de vida.

Hablar desde este anuncio de esperanza implica, para los jerarcas eclesiásticos, presbíteros, pastores, guías espirituales o como corresponda denominarles, un compromiso de congruencia, autenticidad, humildad, servicio y amor, de manera que se hace exigente reclamo de sus conductas... en las que su ministerio es apenas un trabajo que se corrompe como un medio para su bienestar personal en términos distintos a los de la exigencia religiosa; son comediantes, gentes de la feria, negociantes que ven correr ríos de monedas, que ofrecen un servicio mezquino a la feligresía y desde un frío ritualismo, carente de fe, carente de DIOS, se atreven a decir a los otros que deben ser buenos, que deben tener fe, que deben hacerse un pueblo santo... Nos enseñan leyes para poder soportarnos pero no nos enseñan a amar...

¿Qué sucede con el pueblo, con los seguidores? A pesar de todo siguen siendo generosos, obedientes, fieles, llenos de esperanza aunque cada vez más conscientes de que les corresponde desempeñar un papel más activo, crítico, constructivo, que les abre los ojos para no dejarse engañar, manipular, utilizar sino para poner en su lugar a “los vividores de la fe” y reivindicar su papel de hijos de DIOS.

Hablar desde la Buena Noticia es actualizar el momento de operar acciones concretas de justicia social, de solidaridad, de fortalecimiento del bienestar social; es ocasión de ser claros y romper con las ambigüedades demagógicas, que lesionan la confianza que el pueblo tiene en el principio de representatividad.

Es el tiempo en que la burocracia estatal y nacional debiera hacer realidad una auténtica simplificación administrativa y asumir cada uno el papel que le corresponde y por el cual le pagan, para hacer que “esa convergencia de voracidades al acecho” en que se ha convertido la burocracia, se transforme en convergencia de valoraciones de la dignidad humana, de respeto, de servicios eficientes, eficaces y de calidad para el bien social.

Es un llamado a la familia para desarrollar un proceso de micro y macro conversión, pues tratándose de la célula básica de la sociedad, de una institución de orden público y de interés social, así como de una comunidad que debiera ser de vida y amor, le toca reivindicar el lugar que le corresponde; hemos hecho de la familia una oscura gruta donde nadie se quiere ni se apoya, donde no hay comunicación ni empatía, donde no hay primavera; es su oportunidad de reivindicarse como el espacio en que se forma para la plenitud, el ser humano. Conformarse con un modelo de familia que es más bien contrato a tiempo determinado, relación de egoísmos, vida en pareja sin compromisos, procreación de los hijos porque falló el preservativo o anticonceptivo, es hacer de ella una caricatura grotesca que en su influencia social es generadora de un ambiente que se desintegra, que permanece en conflicto.

Hablar de la Buena Noticia con mi propia vida, es el alto en el camino que convoca a no ceder en el empeño de gritar, aunque sean modernos desiertos y areópagos difíciles, la necesidad de conversión, de humanización de la persona, de crear una auténtica comunidad. Es lanzarse a la aventura extraordinaria que tiene sabor de catástrofe y victoria, de injusticia humana y de misericordia divina, de encuentro entre dos amigos más allá del tiempo y el espacio.

Es no quedarse anclado en la visión de fracaso, reduccionismo que aniquila y predispone al desánimo, al conformismo y al desprecio del hombre; más bien se trata de superarse a sí mismo descubriendo que existe la visión de éxito que va más allá de un aplazamiento para el triunfo generado por el fracaso, por que lleva al hombre a reconocerse como “gloria y excelencia del universo” que vive y deja vivir. Esa es la propuesta en el ámbito antropológico de la religión; si además queda revestida de la persona de Jesucristo, la impactante divinización del ser humano, le llevará a expresar con todo su ser, con todas sus obras, con su paradójica realidad ¡ABBA (Padre)! Y entonces la metanoia será un hecho consumado que hará del hombre una proyección de lo que es por su participación divina: un hombre bueno, más todavía, un santo o, en palabras del apóstol “Alter Christus””[10].

Ahora bien, ¿cuáles son los criterios pastorales orientadores de esta realidad identificada como “La Eucaristía, un don para la misión”? consideramos que son los que la Secretaría General del CELAM propone en el Plan Global 2003-2007[11], a saber:

& El encuentro personal con Jesucristo vivo es el único camino de conversión, de comunión y de solidaridad.

& La misión compartida como camino de santidad integral, donde se respete y promueva el papel de los laicos como protagonistas de la nueva evangelización, de la promoción humana y de la cultura cristiana, libre de todo clericalismo y sin reducción a lo intraeclesial.

& La creatividad social de la caridad, porque ningún cristiano puede sentirse eximido de las obligaciones que posee respecto del compromiso social y la lucha a favor de la justicia.

& Santidad, Comunión e Inculturación como ejes transversales de la pastoral, es decir, la vida en una plena comunión de amor con Dios y con los demás para transformar la historia, nos llevará a multiplicar los espacios de solidaridad y a encarnar el evangelio en los ambientes.

& Catolicidad para llegar a todos, porque el mensaje del Evangelio es incluyente.

& Evangelización como proceso permanente de educación en la fe, que debe ser acompañado con sumo cuidado y respeto.

& A nuestro parecer, había que agregar, que siendo la Eucaristía el “Evangelio de la Esperanza” y María su primera Anunciadora, es menester fortalecer una espiritualidad mariana en un marco trinitario y eclesial, profundizando la realidad de que desde su raíz es necesariamente cristocéntrica, es decir, María conduce a los hombres, a la Eucaristía.

Ahora la pregunta operante es ¿cuáles son nuestras prioridades pastorales?

Y sin el ánimo de ser reduccionistas, pero con la sana intención de continuar la praxis pastoral delineada en el Plan Global 2003-2007 del CELAM, podemos manifestar que son tres:

  1. LA PRIMACÍA DE LA PERSONA. Es decir, en el aquí y ahora humano, el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales debe ser la persona humana.
  2. EL RESPETO DE LA IDENTIDAD. La identidad es lo que me hace ser yo mismo y no otra persona. Es un valor trascendente que perfecciona mi ser. Es mi oportunidad de trascender, aquí y ahora, protagonizando mi historia para que la de la humanidad se enriquezca. Ello implica el reconocimiento de que la humanidad es diversa pero ha recibido a la Iglesia como el sacramento de la unidad del género humano en Cristo, unidad ya comenzada en ella porque reúne hombres <<de toda nación, raza, pueblo y lengua>> (Ap 7, 9), pero cuya plena realización está por venir y de ello la Iglesia es <<signo e instrumento>>.[12]
  3. LA GLOBALIZACIÓN DE LA SOLIDARIDAD. Donde siendo la solidaridad “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos” (SRS 38), deberá ser la visión del mundo actual fundada en la primacía de la persona y en la construcción de la gran familia humana.

Ahora bien, estas prioridades son un exigente llamado a cada cristiano católico para ser promotores de este “Evangelio de la Esperanza” con su vida, en el mundo, caminando de la mano de María, Señora de la Identidad y la Solidaridad. Pero ¿cómo traducirlo en acciones concretas, en un plano conciencial y transformador?

No es fácil identificarlo y ello es nuestro desafío más urgente, sin embargo, podemos expresar en forma ejemplificativa y no limitativa, áreas de desarrollo de la praxis pastoral de la Iglesia que se pueden convertir en nuestras líneas de acción para precisar proyectos que nos permitan el desarrollo de tareas específicas para alcanzar metas determinadas en el aquí y ahora a partir de las prioridades antes mencionadas. Desde luego que la criticidad, la creatividad y nuestra catolicidad deben conjugarse para que el hombre de nuestro tiempo sea cautivado por el rostro de Dios.

ÁREAS DE DESARROLLO DE LA PRAXIS PASTORAL

  1. Pastoral de pequeñas comunidades
  2. Pastoral de encarnación
  3. Pastoral bíblica
  4. Pastoral laical
  5. Pastoral y religiosidad popular
  6. Pastoral y espiritualidad mariana
  7. Pastoral familiar

7.1 Pastoral de la infancia

7.2 Pastoral del adolescente

7.3 Pastoral juvenil

7.4 Pastoral de las familias regulares

7.5 Pastoral de las familias en situaciones irregulares

7.6 Pastoral de las familias uniparentales

7.7 Pastoral de los homosexuales y lesbianas

7.8 Pastoral de los adultos mayores

7.9 Pastoral de los solteros

  1. Pastoral de las personas con capacidades diferentes
  2. Pastoral indígena
  3. Pastoral educativa

10.1 Pastoral de la educación básica

10.2 Pastoral de la educación media

10.3 Pastoral de la educación superior

10.4 Pastoral de la investigación y el desarrollo

11. Pastoral asistencial sacerdotal

12. Pastoral misión ad gentes

13. Pastoral social

  1. Pastoral del mundo del trabajo
  2. Pastoral penitenciaria
  3. Pastoral indígena
  4. Pastoral de la salud
  5. Pastoral migratoria
  6. Pastoral del turismo
  7. Pastoral de la cultura
  1. Pastoral deportiva
  2. Pastoral de la comunicación
  3. Pastoral de las fuerzas de seguridad pública
  4. Pastoral de los niños de la calle
  5. Pastoral litúrgica
  6. Pastoral vocacional
  7. Pastoral de la Evangelización y la catequesis

Insistimos en el hecho de que son algunas de las áreas de desarrollo de la praxis pastoral de la Iglesia, y con el ánimo de vivir la valiosa propuesta de que la Eucaristía es un don para la misión, la pregunta es ¿cuáles son los proyectos que se sugieren para que la vida personal nuestra, la de cada católico y la de cada organismo de apostolado laico, tenga como fuente y cumbre a la Eucaristía?

¿Cuál es tu respuesta? Precisamente es esa la respuesta que se espera y si la ofreces, es seguro que tendremos la posibilidad de Anunciar la Buena Nueva desde nuestra propuesta de vida y servicio.

Para que el proceso se te facilite te sugerimos el cuadro integrador que comprende cinco los apartados siguientes:

1. LÍNEA DE ACCIÓN.- Se refiere a la consideración de una de las áreas de desarrollo pastoral traducida en algún aspecto a desarrollar; puede coincidir con el nombre del área de desarrollo o con alguno de los campos que corresponden a su competencia.

2. PROYECTO.- Es el nombre que se le da a una propuesta de acción congruente con la línea indicada.

3. OBJETIVO.- Es el propósito que se pretende alcanzar con la operación del proyecto.

4. TAREAS.- Son las actividades concretas, que en el aquí y ahora deberán llevarse a cabo para que se desarrolle el proyecto y sea alcanzado el objetivo.

5. META.- Es el resultado que se obtiene después de realizar las tareas concretas en que ha sido traducido el proyecto.

CUADRO INTEGRADOR (EJEMPLO)

Línea de acción

Proyecto

Objetivo

Tareas concretas

Meta

-Bíblica

El anuncio de Cristo vivo hoy a todos

Fortalecer las experiencias de anuncio del Kerigma para dinamizar el anuncio y el encuentro de Cristo vivo en el contexto en que viven los hombres y las mujeres de hoy

& Intercambiar experiencias de anuncio kerigmático

& Proponer elementos para un anuncio kerigmático inculturado hoy

& Buscar subsidios pastorales

& Recoger, organizar y ofrecer las experiencias

& Establecer y difundir los elementos

& Obtener y distribuir subsidios pastorales

La Eucaristía es luz y vida del nuevo milenio, dice el lema que atinadamente orienta el Congreso Eucarístico Internacional celebrado en octubre de 2004, sin embargo, ¿hasta dónde alcanza a ser luz y vida de mi propia existencia, de mi familia, de mi organismo de apostolado, de mi colonia o barrio? En la medida en que nos propongamos hacer de la fe la aspiración de la propia vida hasta alcanzar la santificación personal, el “Evangelio de la Esperanza” nos llevará a humanizar nuestra realidad y nos lanzará a un proceso de comunión y solidaridad que hará de la humanidad, esa gran familia humana que en Cristo tiene su alfa y omega.

¿Qué espero para empezar?

Marcelino Trujillo Méndez

COMENCEMOS A DIALOGAR.

Indicaciones: Reunidos en grupos no mayores de 25 personas, dialoguen en torno al tema “La Eucaristía, un don para la misión”, a partir de las preguntas orientadoras que se sugieren en el plan de discusión. No olviden nombrar un coordinador del diálogo y un relator de los productos de ese intercambio.

† Plan de Discusión

1. ¿Cuáles son las consecuencias reales que tiene en tu vida la participación eucarística?

2. ¿Cuáles son las consecuencias reales que tiene en la vida de nuestro Organismo de apostolado, la participación eucarística?

3. ¿Qué frutos de convivencia y conversión provoca la participación en la Eucaristía?

4. ¿Qué estoy dispuesto a hacer para que la Eucaristía sea luz y vida real y concreta de mi propia vida?

5. ¿Qué recomendaciones hago para que en cada Organismo de apostolado vivamos más la Eucaristía?



4 POUPARD, Paul. 1997. DIOS y la Libertad. EDICEP, España.

[1] Lumen Gentium 11

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, 1324

[3] Ibid, 759

[4] Ibid, 775-776

[5] Sínodo de los Obispos, lineamenta de la XI° Asamblea General Ordinaria. “La Eucaristía: Fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia”, 66

[6] Ibid, 68

[7] Ibid, 69

[8] Ibid, 70

[9] Ibid, 71

[10] TRUJILLO Méndez, Marcelino. 2003. ¿Me da permiso de cantar?. Inédito, Puebla, México.

[11] SECRETARÍA General del CELAM. 2003. Plan Global 2003-2007 Hacia una Iglesia Casa y Escuela de Comunión y de Solidaridad en un Mundo Globalizado. Bogotá, Colombia.

[12] Catecismo de la Iglesia Católica, 775

 

Página de la Legión de María

Página extraoficial de la Asociación Legión de María, los comentarios expresados son responsabilidad de sus respectivos Autores y no representan el punto de vista de la Organización, ni los lineamientos expresados en el Manual (c) 2004 - 2010  Contáctanos en:

Santoral

Visitas: Ver estadísticas
 

Opinión

¿Has leído el documento de Aparecida?
 

Comunidad

Síguenos en

Sigue a la Legion en FaceBook

Consulta el Programa Anual 2010

Misal Julio

D

L

M

M

J

V

S

-

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

13

14

15

16

17

18

19

20

21

22

23

24

25

26

27

28

29

30

+

Semanario Koinonia

Publicación informativa y de orientación católica de la Arquidiócesis de Puebla

Ver otros