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(Cuando te sientas solo o quieras que tus actos estén guiados y protegidos del bien. En caso de pérdidas y extravíos o necesitados de custodia y defensa) ¡Oh benignísimo Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida y tutor mío, maestro, guía, defensor y sapientísimo consejero y fidelísimo amigo mío!, a quien estoy encomendado por la bondad del Señor desde el momento que nací, hasta la postrera hora de mi vida.
Tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día. Aunque espíritu invisible, se que te hallas a mi lado, escuchas mis oraciones y cuenta todos mis pasos. En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo sobre mi pecho tus alas de nácar y oro.
¡Cuánta reverencia os debo, sabiendo que estáis presente donde estoy! ¡Y con cuanta devoción os debo servir, por el amor con que miráis por mí! ¡Y que gran confianza debo tener teniéndoos a mi lado, para mi defensa!
Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga, que vaya siempre contigo hacia Dios, que me lo envía.
Enséñame, Ángel Santo; amparadme y guiadme por el camino derecho y seguro a la Santa Ciudad y no permitáis que yo haga en vuestra presencia cosa que os ofenda y que no me atreviera a hacer sin vergüenza delante de otro hombre como yo! Representad mis deseos y miserias ante el Señor, alcanzadme el remedio de ellas, en su infinita bondad.
Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía.
En presencia de los Ángeles, suba al cielo nuestro canto: gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Amén.
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