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Jugué, perdí, pagué: Estoy en paz; Luché y lloré, nada le debo al mal Amé a Jesús y libre fui de muerte. Mi vida fue la de cualquier mortal Que lucha y brega en su azarosa suerte. En tierna juventud, a la manida Moral banal sostuve la embestida. Planté piedad, honestidad y empeño; Que en estas pautas cimenté mi vida Y fracasé. Pero aun persigo el sueño. En las místicas noches del abismo De nieblas y quimeras de heroísmo, Busqué del Cielo auténtica verdad, No me entregué al político cinismo, Ni ofuscaron ganancias de maldad. Noté que todo hombre a mi porfía, La réplica me dio, seca y sombría, Y yo en esta barquilla aun zozobrada Me encuentro inmune y pleno de alegría, Bregando osado y firme en la remada. ¿El amor? Es tenue, etéreo y eternal; De Dios por su pureza y armonía Pues no puede la humana algarabía Llenar de las personas su ideal, Ni de cieno se forma la poesía. De ensueños he vivido y añoranza Del Cielo, que es mi aspiración a ultranza.; Quiero con ilusión vivir sin pena Aunque sepa del mundo la mudanza Y del amor la efímera cadena. Nunca juzgué ni condené al hermano, Pues no se hace juicio en equidad A enigma oculto en corazón humano Que en fragosa y profunda intimidad Es más abstruso que insondable arcano. Amé a la humanidad, lloré en sus llantos Consciente de sus grandes desencantos, Mi alma asimiló de mi interior Sin consultas de magos, ni de espantos Que somos todos preciosos para Dios. Al silbo de Jesús corrí tras Él; Luché por la justicia y el derecho, De nadie quise cohecho ni cuartel Pues solo en Dios me impulso y me pertrecho, Del vívido acicate de mi fe. Gusté del altruismo y la virtud; A pobres y dolientes comprendía. Abrí mi corazón en plenitud, De Dios gocé favor en multitud Y muchos más espero todavía. Amando voy en pos de mi llamada Pues vida sin amor deviene en nada; Con Cristo me retiro en buen talante, Afable faz, sonrisa relajada, Que aquí no hay nada eterno... ni importante. Rafael Ángel Marañón Barrio
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