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A mi madre Huyen las tempestades
de mi mente cuando los dedos de su mano
fría, se hunden, temblando, en la melena
mía…
A mi madre en ese mar tan lleno
de emociones que llaman juventud,
yo alcancé a descubrir tu faz profética
mostrándome el deber y la virtud.
Mamá, yo quiero ser de plata.
Hijo, tendrás mucho frío.
Mamá, yo quiero ser de agua.
Hijo, tendrás mucho frío.
Mamá, bórdame en tu almohada.
¡Eso sí!
¡Ahora mismo!.
Hay sentimientos desconocidos cuya
grandeza se adivina; el amor a una
madre es como el amor a Dios:
está grabado en el corazón de los seres;
se le adora sin conocerlo
porque se le ve en todo lo que nos rodea.
Madre, madre, tu me besas,
pero yo te beso mas.
Como el agua en los cristales,
caen mis besos en tu faz…
Te he besado tanto, tanto
que de mí cubierta estás
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar…
Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear:
Cuando tú, a tu hijito escondes
no se le oye el respirar…
Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y que lindo niño veo
a tus ojos asomar…
el estanque copia todo
lo que tu mirando estás;
Pero tú en los ojos copias
a tu niño y nada más.
Los ojitos que me diste
yo los tengo que gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar… |