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SANTA MARIA DE GUADALUPE RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI;

 

Explicación de la Letanía del Rosario PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Lunes, 02 de Marzo de 2009 17:54

P. Daniel Barrera.

La letanía del Rosario es una serie de títulos e invocaciones a la Madre de Dios, ricos en contenido bíblico, doctrinal y espiritual. Pero desgraciadamente esta riqueza se nos escapa por desconocer el origen y el contenido de estos símbolos, a veces de no fácil comprensión. Por ello conviene hacer, aunque sólo sea brevemente, un estudio serio de esta oración para desarrollar y fortalecer una auténtica piedad mariana.

¿QUÉ ES UNA LETANÍA?
Una letanía es una plegaria formada por una serie de cortas invocaciones, que los fieles rezan o cantan en honor a Dios, de la Virgen o de los santos. Tiene un origen muy antiguo, pues encontramos vestigios de ellas en los textos de los padres apostólicos del siglo II, al parecer siguiendo la recomendación de san Pablo: «Recomiendo, ante todo, que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por los hombres de toda clase, por los jefes de estado y todos los gobernantes, para que podamos llevar una vida tranquila y de paz, con toda piedad y dignidad»(1 Tim 2, 1-2).
Estas fórmulas de invocación tienen un carácter eminentemente popular, por lo que son muy abundantes y de estilos diversos, algunas en verso y otras en prosa. Se usaban en procesiones, en la Vigilia Pascual, en las ordenaciones, en las oraciones por los enfermos y los difuntos. Es hasta el siglo XII donde encontramos unas primeras letanías de la Virgen que recogieron los principales títulos tributados a la Madre de Dios, del modo análogo al que se habían recogido en la antigüedad tantas alabanzas a Cristo.
La colección más famosa de estas letanías de la Virgen María es conocida como «lauretana», por proceder del Santuario de la Virgen de Loreto en Italia. Procede de los siglos XVI y XVII aunque con el tiempo esta letanía fue enriqueciéndose con nuevos títulos que, por decreto los papas añadían al texto tradicional que tenía como base 50 invocaciones.
La estructura del texto tradicional es la siguiente: Comienza con las invocaciones tomadas de las letanías de los santos (Santa María, Santa Madre de Dios, Santa Virgen de las Vírgenes/1-3), luego María es considerada como Madre /4-15/, y después se pasa a considerar a la Virgen como virgen /16-21/, se enuncia una serie de títulos simbólicos de origen fundamentalmente bíblico /22-34/ y, finalmente se considera la Gloria de María, ayuda y consuelo de los que estamos en la tierra y Reina de cuantos están en el Cielo /34-50/.
Característica de la letanía lauretana es no solo quedarse en los elogios a la Madre de Dios sino encomendarse a su intercesión. Por ello después de cada invocación se añadió el «Ruega por nosotros», «Intercede por mí» o «Apiádate de mí» o fórmulas semejantes, por las cuales el cristiano que sufre, que está en pecado o se encuentra en trance de muerte, se acerca a María para obtener su gracia mediadora ante el Hijo.

EXPLICACIÓN DE LA LETANÍA


SANTA MARÍA: La expresión «Santa María» resume la totalidad de la experiencia de aquella a quien todas las generaciones llaman bienaventurada, de aquella en quien el Todopoderoso realizó grandes cosas (cfr. Lc 1, 48). Decir Santa María es reconocer la obra admirable de Dios en esta pequeña mujer inmaculada, pero al mismo tiempo también es admirarnos de su trayectoria terrestre: su fe, su esperanza y su caridad. Proclamar a María «Santa» es alabar a Dios dador de todos los bienes recibidos y tomar conciencia del llamado que tenemos todos los cristianos a la santidad (cfr. Mt 5, 48).


SANTA MADRE DE DIOS: La Iglesia confiesa que María es verdaderamente «Madre de Dios» (Theotokos) porque en el mismo instante en que fue concebida por obra del Espíritu Santo se convirtióen la Madre, según la carne, de la segunda persona de la Santísima Trinidad. Se trata de un título inefable que mas que ensalzar los méritos de la Virgen María, destaca el acontecimiento central de la vida y misión de esta mujer sin la cual no hubiera sido posible la fe cristiana.


SANTA VIRGEN DE LAS VÍRGENES: Desde los primeros años del cristianismo, María fue llamada «La Virgen» porque de manera única y singular vivió totalmente para Dios en apertura constante a su plan salvífico. Desde entonces la virginidad ya no fue maldición ni soledad sino la señal divina (cfr. Is 7, 14). La prueba que demuestra efectivamente que Cristo es el Hijo de Dios que ha venido para salvar a los hombres.


MADRE DE JESUCRISTO: Es una invitación a meditar el misterio de la Encarnación, donde, al tiempo que afirmamos la maternidad de María, subrayamos la divinidad del Hijo que en ella toma carne (cfr. Lc 1, 26-38). El Verbo altísimo asume una naturaleza como la nuestra, María tiene la misión de darle esa humanidad, no sólo en el aspecto carnal, sino sobre todo infundirle un alma que le genere actitudes y sentimientos humanos. Nosotros también somos llamados, en el plano de la Gracia, a ser «madres», es decir a engendrar a Cristo, Hijo de Dios, entre los hombres que no lo conocen.


MADRE DE LA IGLESIA: En el Calvario, la maternidad de María cobra una nueva dimensión, la relativa a los discípulos de Cristo, comprendidos en el discípulo amado que representa a toda la Iglesia (cfr. Jn 19, 25-27). María engendra en el dolor de ese día de muerte a una nueva familia, un nuevo pueblo. Los últimos pontífices han proclamado a María Madre de la Iglesia: Paulo VI al terminar el Concilio Vaticano II y Juan Pablo II aumenta esta nueva invocación a las letanías lauretanas, aunque era ya un sentimiento latente en la Iglesia primitiva que tanto debe a María su Madre, modelo y prototipo.


MADRE DE LA DIVINA GRACIA: Dios ha dado a María una misión transcendental para la salvación de la humanidad. El texto de la «Anunciación» (Lc 1, 26-38) es el relato de una vocación, de una elección por parte de Dios para una misión de salvación a favor del pueblo. Las frases «Llena de gracia, el Señor es contigo» indican realmente la complacencia divina en María escogida para una tarea de liberación, y la asistencia necesaria para llevarla a cabo.


La Gracia es la vida de Dios en nosotros, la gracia es el Amor de Cristo que se comparte. Llamamos a María Madre de la Divina Gracia, porque al ser Madre de Cristo está llena de este Amor de Dios y su mayor alegría consiste en participar a todos los hombres de esta plenitud de gracias con que Dios la ha colmado.


MADRE PURÍSIMA: La maternidad de María respecto de nosotros no es simbólica o puramente moral. Verdaderamente María es nuestra madre porque nos ha dado una vida nueva: la Vida de Cristo. Alabamos y exaltamos la pureza de María en superlativo, porque ésta no procede de ella misma sino de Dios que la hizo una creatura perfecta, sin sombra de pecado. Por eso Ella, por los méritos de Cristo, su Hijo, es capaz de regenerarnos en la virtud para que podamos vivir en armonía completa con Dios y nuestros hermanos.


MADRE CASTÍSIMA: La castidad es la virtud por la cual el hombre integra todas sus fuerzas de vida y de amor depositadas en él. Esta integridad asegura que el hombre pueda entregarse totalmente a Dios y servirle con todo su corazón. Llamamos a María «castísima» porque estuvo plenamente dispuesta para el trabajo del Reino, ella es el modelo por excelencia de la mujer consagrada que ama a Dios y a los demás con un corazón indiviso y libre. María nos descubre que la castidad no es virtud pasada de moda sino fuerza para conquistar los ideales.

 

María Inmaculada

Madre Inmaculada así le llamamos para descubrir su plenitud sin mancha alguna. Ser inmaculada es vivir en radicalidad total, limpieza absoluta es por eso que en ella fue Dios engendrado.

Madre Virgen

Ser Virgen y Madre es algo dificil de comprender, porque forma parte del misterio de Dios. Pero, (Lc 1, 37) «para Dios no hay imposible». Ser Virgen es ser pura e inmaculada. También es cierto que ella es la Madre del Redentor y consecuentemente Madre nuestra.

Madre Amable

María teniendo toda la gracia infinita del amor de Dios tiene también esta virtud que es la amabilidad, la sencillez. La atención de esta madre nos lleva al encuentro con el Señor y a pedir su intercesión.

Madre Admirable

El hombre es capaz de hacer cosas que son dignas de admiración. Ella cuan mayor razón es admirable no por sí misma, su grandeza le viene de Dios, haciéndose partícipe en la creación dando a luz al Redentor.

Madre del Buen Consejo

«Hagan lo que Él les diga» (Jn 2,5) María nos aconseja a quien tenemos que seguir para una plena realización en la vida, y este es su Hijo amado, Jesús el Salvador.

Madre del Creador

María acompaña a Jesús en su peregrinar, en su muerte y resurrección así surge una nueva creación, en la que María participa y nos invita a formar parte de ella.

Madre del Salvador

Nosotros que somos pecadores necesitamos la salvación, por eso pedimos a María, la colaboradora en esta salvación, que interceda por nosotros.

Vírgen Prudentísima

Es prudente porque en la Encarnación ella cuestiona y responde conforme a la voluntad de Dios. Ella forma parte de las vírgenes prudentes, cuya lámpara está preparada para ir al encuentro con el Señor.

Vírgen Venerable

María es digna de ser venerada por su peregrinar junto a la vida de Jesús, empezando desde su encarnación hasta su muerte, por otra parte María es digna de veneración pues ella se hace presente en la Iglesia naciente así como también en la actual.

Virgen digna de todo alabanza

Por haber llevado a Jesús en su vientre por haber escuchado a Dios, y dar ese generoso si que trajo la salvación al mundo. La alaba el ángel, santa Isabel, la mujer ante los milagros de Jesús (Lc 11,27).

Virgen Poderosa

Jesús posee todo poder y se lo a comunicado a los apóstoles y a su Madre, porque ella participó plenamente de la redención es por eso que la llaman Virgen Poderosa. Ella tiene el poder para combatir el mal del cual estamos rodeados pidamos la intercesión de María.

Virgen Clemente

Dios es amor y clemencia, por tanto quien tiene una íntima relación con Él obtiene la clemencia como en el caso de los santos y plenamente María por ese designio salvador. María es la criatura por excelencia en la que podemos ver la bondad infinita de Dios en ella se refleja toda gracia, clemencia, bondad.

Virgen fiel

La virgen fue fiel a cada momento. Toda su vida estaba llena de actos de fidelidad en sus deberes diarios, cumpliendo siempre con la voluntad de Dios. Su finalidad tuvo su culminación al pie de la cruz (Jn 19,25) ofreciendo su hijo al Padre por la salvación de todos.

Espejo de justicia

Cristo es el espejo que refleja al Dios viviente. María es la Madre del sol de justicia que es Cristo Jesús. Quien por su plena relación con el Padre y el Espíritu Santo se convierte igual en espejo de justicia para los que pedimos su intercesión.

Trono de la sabiduría

Cristo es la sabiduría del Padre. En su seno María la llevó esa sabiduría que consiste en conocer al autor y fin de todas las cosas. Roguemos a María para que interceda por nosotros y así podamos conocer a Dios.

Causa de nuestra alegría

Porque cuando el mundo estaba sumergido en tinieblas, la virgen con su generoso sí, trae la alegría a la humanidad concibiendo al Salvador, es por ello esta flor a María, demos gracias a María y pidamosle su intercesión para siempre demos un si todos los días.

Vaso espiritual

Todas las cosas creadas son como vaso en manos del creador; todo depende de la voluntad de Dios, como el vaso depende del alfarero respecto a cómo va a quedar su obra. Se llama así a María porque siendo elegida pudo llenarse de la gracia divina.

Es por eso que nosotros debemos cultivar nuestro interior, para llegar a ser vasos espirituales. Pidamos la intercesión de María.

Última actualización el Viernes, 13 de Marzo de 2009 05:10
 

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